ANGEL RENEGADO

 

No soy el ángel frívolo posado en los frágiles aleros

ni me cuadran las vírgenes prudentes.

Soy el ángel renegado de plumaje lúgubre,

deambulando somnoliento bajo una luna umbría

por perdida ciudad apocalíptica empedrada de nostalgias.

Soy la boca desdentada del campesino hambriento

con el nunca menguado amargo sabor de la injusticia.

Soy el cerebro reventado de un niño de la calle

que inhala cemento para engañar al hambre,

mientras hace malabares con la vida.

Soy el profundo abismo donde acaban

las apresuradas vidas de los ignorados héroes

de cualquier patria americana.

Soy la búsqueda inútil de la tumba perdida de los padres,

de los hijos, los hermanos, de la mujer amada

muertos por la dictatorial intransigencia y el delirio.

Soy los pies gastados recorriendo caminos

llamando a puertas de goznes oxidados

con letreros que dicen: caridad, piedad, asombro.

Soy la sangre inocente derramada por toda América Latina

en aras inconclusas de la dignidad humana.

Soy la cárcel infame donde a diario perecen

visionarios ilusos, podridos en la iniquidad y el asco.

Soy el silencio cómplice, transformando en susurros

las voces de protesta que desde el abismo suben.

Soy la desesperanza, la tristeza, la ingratitud, el desamor,

el olvido, la injuria, la insensibilidad, el egoismo,

la ignorancia, el sojuzgamiento, la ceguera, la indiferencia.

Soy un ángel renegado, sin luz, pobre poeta

punzado y abatido por la miseria humana,

cuya lira enmudeció de asuntos harta.

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