JARCHA

Denominación que reciben los últimos versos de la última estrofa de la moaxaja. A pesar de la aportación del poeta egipcio Ibn Sana al-Mulk (1155-1211), quien creía que la jarcha debía estar escrita en lengua vulgar o en lengua romance e indicaba la conexión de éstas, a través de sus autores, con las moaxajas, no se conocían jarchas romances hasta la publicación, en 1948, por S.M. Stern, de 20 moaxajas hebreas con sus versos finales en lengua mozárabe. A esta publicación siguieron otras posteriores (E. García Gómez, 1952) de 24 jarchas. Estos textos confirmaban las hipótesis formuladas por Menéndez Pidal acerca de la existencia de una lírica peninsular anterior a la conocida. 
 
La jarcha es, por su temática (una muchacha que se queja a su madre de las desviaciones amorosas de su amado o que se dirige a éste tiernamente), significativamente idéntica a la de las cantigas de amigo desarrolladas por la poesía galaico-portuguesa, lo que lleva a pensar en una hipotética lírica de amigo peninsular que se manifiesta a la par en Galicia y al-Andalus. Por otra parte, la fecha de la más antigua de las jarchas conservadas (primera mitad del s. XI) hace de estas composiciones las primeras manifestaciones literarias de la península Ibérica, y quizá del ámbito de las lenguas románicas.  
 
 
 
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